Sentada en el frío mármol
de las desesperanzas
esperé arenas eternas,
vientos que trajeran
sonrisas nuevas, promesas
en las que yo solo creo.
Esperé entre nubes de ojos distantes
la mirada profunda,
la mano regalada,
y solo silencio obtuve.
No hubo ojos para mí,
ni sonrisas.
Tan solo hielo ignorante.
Como quien espera un tren
sentada esperé la llegada
de una luz,
pequeña, inesperada,
que me tendiera la mano
entre las sombras.
***
Esperando un día encontré...















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